Gabriela


 

Yo vine al Refugio cuando tenía 15 años de edad y dos meses de embarazo. La Hermana Elsa me dio la bienvenida. Dos meses después nació prematuramente mi bebé varón. El peso 1 kilo y 700 gramos. En el refugio el recibió todo el cuidado especial que necesitaba. La Hermana Carmen estaba a cargo de los cuneros y muy atenta al cuidado de los bebes. Ella me ayudo con el cuidado de mi bebé y parecía que sabía justo lo que tenía que hacer por él. Cuando uno de los bebes se enfermaba, ella llamaba al doctor y no se quedaba satisfecha hasta que el infante estaba sano de nuevo.

 

Durante mi estancia en el Refugio yo atendí a clases de costura. La Hermana Trinita nos daba clases en español, y la Hermana Cecilia ayudo a prepararnos para el Bautismo de los bebes. Todas las niñas ayudaron con los quehaceres de la casa. En aquel tiempo había 18 niñas que compartían los dormitorios. Nos levantábamos a las 6.30am para darnos tiempo de bañar. Allí había dos regaderas para las niñas que estaban embarazadas y dos para las mamás nuevas. Los bebes debían estar en los cuneros a las 7.00am para que las mamas pudieran tomar el desayuno e ir a la escuela.

 

Cuando mi hijo tenía dos meses de nacido, yo fui a casa de mi madre. Ella no podía recibirme en su casa. Yo regrese a Santiago y busque a la Señorita Gloria, quien había sido mi amiga en el Refugio y quien trabajo en el almacén. Con gran e inesperada generosidad, ella me dejo quedar en su casa, y entre ella y yo cuidamos de mi hijo. 

 

Mi hijo tiene ahora 30 años de edad, está casado y es un electricista profesional quien instala electricidad y sistemas de comunicación. El y su esposa tienen un hijo de 6 años de edad. Yo me siento bendecida de ser abuela. Cada día que pasa doy gracias a Dios por poner tanta gente buena en mi vida, sobretodo de la Congregación del Amor Mas Misericordioso. Ellos me ayudaron a terminar mis estudios de preparatoria y, finalmente, busqué un empleo en el Refugio. Y, como mi amiga Gloria, ahora yo estoy a cargo del almacén.

 

Con la ayuda que recibí de las Hermanas yo fui capaz de convertirme en una mujer responsable de mi misma y capaz de criar a mi hijo hasta convertirse en un ciudadano, esposo y padre responsable. Es un placer continuar sirviendo a las madres adolescentes en el Refugio como las Hermanas un día lo hicieron por mí. Gracias amigos del Refugio por ayudar a las niñas con su generosidad y oraciones. 

 

 Gabriela and son

 Gabriela and her son